La Evolución de la Vida y de la Forma

Actualizado: 15 de dic de 2018

por C. Jinarajadasa

Prefacio de la Sociedad Teosófica en México, 2018

El presente contenido es una re-edición del artículo "La Evolución de la Vida y de la Forma" , publicado por primera vez en la revista "El México Teosófico", Año I, Num. 2 con fecha del 10 de Mayo de 1920.


No hay mejor preparación para comprender claramente la Teosofía, que el conocimiento de la ciencia moderna. Porque la ciencia se ocupa con los hechos, los clasifica y descubre las leyes que los rigen; la Teosofía se ocupa con los mismos hechos y aún cuando puede clasificarlos de un modo diferente, las conclusiones a que llega son las mismas en lo general. En donde difieren, no es porque la Teosofía ponga en duda los hechos del hombre de ciencia, sino sencillamente porque antes de asentar conclusiones toma en consideración hechos adicionales que la ciencia moderna ignora, o no ha descubierto todavía. No hay sino una sola ciencia, en tanto que los hechos son los mismos; lo que es estrictamente científico es Teosófico, de la misma manera que lo que es Teosófico está enteramente en armonía con todos los hechos y, en consecuencia, es científico en el más alto grado.


La mayor conquista de la ciencia moderna es la concepción que ofrece a la mente de los fenómenos de la existencia como factores de un gran proceso llamado Evolución. Entendamos en un amplio bosquejo lo que significa la evolución de acuerdo con la ciencia y así estaremos en aptitud de entender lo que significa, de acuerdo con la Teosofía.


Consideremos, en primer lugar, la gran nebulosa de Orión (fig. 1).

Fig. 1. La nebulosa de Orión

Esta pudiera concebirse como una masa caótica de materia intensamente ardiente, de muchos millones de millones de kilómetros de diámetro. Es una masa nebular vaga, plena de energía; pero hasta donde podemos verlo, es energía que no ejecuta ningún trabajo útil. ¿Qué llegará a ser de esta nebulosa? ¿Continuará siempre en estado caótico, o sufrirá algún cambio? El cambio probable, su paso más próximo podemos forjarlo en la imaginación, como lo que vemos en la nebulosa espiral de la Osa Mayor (fig. 2).

Fig. 2. Nebulosa espiral en Osa Mayor

La nebulosa ha tomado ahora un movimiento espiral. Gira sobre sí misma y su materia tiende a agregarse alrededor de un núcleo. En el curso del tiempo la masa esférica se aplastará; al contraerse se separarían uno tras otro anillos de materia que se apartarán del núcleo central que va enfriándose. Pasados millones de años, estos anillos de materia se romperán también, cada uno se agrupará alrededor de un núcleo y, en lugar de un anillo tendremos un planeta que retiene el movimiento original de la nebulosa y que gira ahora alrededor de un sol central. O bien puede ser que sin romperse en anillos la nebulosa, al girar, lance al espacio partes de sí misma, las cuales entonces se condensan y llegan a ser los planetas; pero en uno u otro de estos procesos, la nebulosa caótica original habrá llegado a ser un sistema solar ordenado con un sol central y planetas que giran a su alrededor como el sistema solar en el cual vivimos, (fig. 3).



Fig. 3. Orbitas de nuestro sistema solar.

¿Cuál será el estado siguiente? Para este tiempo habrán aparecido dentro del sistema solar los elementos químicos más ligeros. Existirán allí hidrógeno, carbón, nitrógeno, oxígeno, fósforo, calcio, hierro y otros; entrarán en ciertas combinaciones y vendrá la primera aparición de vida. Tendremos ahora algo de la materia como protoplasma, la primera forma de vida, ¿cuál será, pues, el siguiente estado? Este protoplasma igualmente se arregla en grupos y combinaciones, toma la forma de organismos vegetales y animales. Observemos en primer lugar, lo que acontece cuando el protoplasma llega a formar organismos vegetales.


Fig 4. Representación de protoplasma

Desde el principio se advertirán dos actividades en esa materia viviente; una, que los organismos desean retener su vida tan largo tiempo cuanto sea posible por la nutrición; la otra, la de producir otro organismo semejante al suyo. Bajo el impulso de estos dos instintos evolucionará, es decir, veremos que los organismos simples tomarán una estructura compleja. Este proceso continuará paso a paso hasta que lentamente nazca un reino vegetal en cada planeta, tal como lo tenemos en el nuestro. (fig. 5).

Fig. 5. Reino vegetal

Cada paso sucesivo se originará de su predecesor; cada uno está organizado en tal forma que podrá prolongar mejor su existencia y dar nacimiento a retoños. Cada uno será más "evolucionado" que el que ha venido antes. De los organismos unicelulares: bacterias, algas y hongos se desarrollarán esporas que podrán diseminar retoños en una nueva forma; más tarde evolucionará un método mejor de propagación por medio de semillas; más tarde todavía vendrá el estado de las plantas que florecen, en las cuales el organismo individual con el mínimo gasto de energía, retendrá su propia vida dando al mismo tiempo lugar a un número mayor de retoños. Paso a paso el organismo aumenta en complejidad; pero esta misma complejidad lo pone en aptitud de "vivir" más satisfactoriamente, es decir, de dar nacimiento a retoños con el mínimo gasto de fuerza, de prolongar su vida y al mismo tiempo de producir un tipo de progenie con potencialidades de expresión de sí mismo nuevas y más grandes que la de sus padres.


Un proceso semejante de evolución se verifica con el protoplasma, al dar nacimiento al reino animal. De los protozoarios, simples organismos unicelulares, tenemos paso a paso los varios grupos del reino invertebrado (fig. 6).


Fig. 6. Aproximado de especies animales (de T.W Galloway, "Primer Curso de Zoología")

De los simples organismos unicelulares a los organismos multicelulares con tejidos y sistema nervioso y circulatorio, la complejidad crece grupo tras grupo. Viene luego un paso nuevo en la construcción de organismos con el envolvimiento del tronco central nervioso por vértebras y así tenemos los vertebrados. De un orden de vertebrados, los reptiles, vienen los mamíferos y entre los más altos de estos aparecen los primates. De este último orden del reino animal, el más altamente organizado es el Hombre.


Los instintos de propia conservación y propagación se ven también en el reino animal. A medida que la estructura llega a ser más compleja, el organismo está mejor equipado para adaptarse al medio cambiante que le rodea, mejor apto con menos y menos gasto de fuerza para vivir y producir organismos similares. Pero entre los más altos vertebrados aparece un nuevo elemento de vida.


"Si contemplamos la vida en su conjunto, en sus formas ascendentes, vemos que en las criaturas más bajas las energías son totalmente absorbidas en el propio sustento y en el sustento de la raza. Cada adelanto en organización que realiza una u otra economía, hace más fácil el sostenimiento de la vida; así que las energías evolucionadas desde una cantidad de alimento dado, bastan con exceso para proveer al individuo y a la progenie: queda alguna energía sin usarse. A medida que nos elevamos a los más altos tipos de criaturas que tienen estructuras más desarrolladas, vemos que este exceso de energía llega a ser más y más grande y los más altos nos muestran largos intervalos de cesación de la persecución de alimento durante los cuales hay un espontaneo gasto de energía no usada y no poco frecuente en esa agradable actividad de las facultades que llamamos juego.


Esta verdad general tiene que reconocerse como sostenimiento de vida en sus formas culminantes - de vida humana lo mismo que de otra vida. El progreso de la humanidad es, bajo un aspecto, un medio de liberar más y más a la vida de ser simplemente una penalidad y dejar más y más vida dispuesta a la relajación, para la cultura agradable, para la satisfacción estética, para los viajes, para los juegos. (Herbert Spencer, Vida 1, 177).


Desde la caótica nebulosa de ayer hasta el hombre de hoy, que piensa, juega y ama, existe el proceso llamado evolución. Un caos ha llegado a ser un cosmos con acontecimientos ordenados que la mente humana puede clasificar como leyes; lo inestable "a-dharma", ha llegado a ser lo estable "dharma". Vemos los principios observables, cómo el Uno llega a ser los Muchos, cómo el desorden llega a ser el Orden. Véase fig. número 7.


Fig. 7

Cierto, ninguna mente humana vio el principio del proceso ni lo ha observado continuamente hasta hoy, para poder describir cada uno de los pasos de la evolución como observación directa y poder decir que la evolución es un hecho. Solamente podemos reconstruir el proceso observando diferentes clases de nebulosas, estudiando las estructuras de organismos ya extintos, ya vivientes, hilvanando una cola aquí a una ala allá. Nadie puede decir que el universo no nació en toda su complejidad, unos cuantos miles de años antes de que comiencen las tradiciones históricas, y nadie puede decir que el universo cesará de existir mañana. Pero el hombre no puede estar satisfecho con tomar nota solamente de los pocos momentos del presente que puede retener su conciencia; debe tener alguna concepción de la naturaleza admitiendo un pasado y un futuro. Tal Pasado y tal Futuro se sustentan en gran parte fundamentándose en la analogía, en el proceso llamado evolución. En cierto sentido la evolución es una hipótesis; pero es hasta aquí la hipótesis más satisfactoria que se registra en la historia de la humanidad y es de tal índole, que una vez aceptada revela la evolución en todas partes, para todo el que quiera verla.


Fascinador como es el estudio del Cosmos a la luz de la evolución, según la enseña la ciencia moderna, existe, sin embargo, un elemento tenebroso en él. Ese elemento lo constituye el considerar que el individuo desempeña un papel muy insignificante en el eterno drama. La naturaleza actuando "evolucionando" despilfarra sus energías construyendo formas una tras otra. Y parece un derrochador terrible que produce mucho más formas que aquellos a los cuales provee de sustento. No toma en cuenta el tiempo y al individuo lo toma en una mínima parte, en realidad sólo mientras vive. Durante el brevísimo plazo de la vida del individuo, la naturaleza le sonríe, lo acaricia, como si todo se hubiera intentando para su satisfacción. Pero cuando se ha movido en el sentido en que lo guía, después de que ha dado nacimiento a otros individuos o que ha modificado ligeramente para otros el medio en que ha vivido, sobreviene la muerte y él es aniquilado. Ese "YO SOY YO" que nos impele a vivir, a luchar, a buscar la felicidad, cesa de ser; porque no somos nosotros lo importante sino el tipo. - "Tan cuidadosa se muestra la naturaleza del tipo, como descuidada de la vida individual". ¿Dónde existen hoy Nínive y Babilonia, y la gloria que fue Grecia y el esplendor que fue Roma?".


Todo esto es un tablero de ajedrez de noches y de días. En donde el Destino juega con los hombres que son las piezas. Las mueve aquí y allí y da mate y asesina

Y uno a uno es relegado al olvido.


Considerada desde este aspecto la evolución es terrible, un proceso mecánico sereno en su omnipotencia y crueldad. Y, sin embargo, puesto que después de todo es un proceso tal vez traer a él consideraciones personales relativas a que lo queramos o no, es asunto sin importancia. Pero como somos hombres y mujeres que pensamos y deseamos, traemos a él el elemento personal de nuestra concepción de la vida, y si contemplamos la evolución, la perspectiva para nosotros como individuos no es alentadora. Somos como burbujas en el mar que se originan por causas ajenas a nuestra voluntad y cesamos de existir siguiendo el desarrollo en un proceso que escapa a nuestra influencia. Somos "como el material de que están hechos los sueños y acecha nuestra efímera vida el reposo del sepulcro".


¿Existe la posibilidad de una concepción del proceso evolutivo que pueda mostrar una perspectiva más halagadora? Si existe, es la que ofrece la Teosofía en la doctrina de la evolución de la vida través de la evolución de las formas.


[Continuará]


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