ni otros son capaces de comprender la lógica profunda de su filosofía. Los primeros no consentirán otro Dios más que la personificación de los poderes secundarios que han dado forma al Universo visible, y la cual ha venido a ser el Dios antropomórfico de los cristianos –el Jehovah masculino, rugiendo entre truenos y rayos–. A su vez, la ciencia racionalista considera a buddhistas y a svâbhâvikas como los “positivistas” de las edades arcaicas. Si consideramos la filosofía de estos últimos sólo bajo uno de sus aspectos, pueden tener razón nuestros materialistas en su manera de considerarla. Sostienen los buddhistas que no hay Creador, sino una infinidad de poderes creadores, que colectivamente forman la eterna substancia, cuya esencia es inescrutable; y de aquí que no sea objeto de especulación para ningún filósofo verdadero. Sócrates rehusaba invariablemente discutir acerca del misterio del ser universal, y sin embargo a nadie se le ocurrió acusarle de ateísmo, excepto a aquellos que deseaban su muerte. Al inaugurarse un período de actividad —dice la Doctrina Secreta– tiene lugar una expansión de esta Esencia Divina de fuera adentro y de dentro afuera, con arreglo a la ley eterna e inmutable, siendo el último resultado de la larga cadena de fuerzas cósmicas, puestas así en movimiento progresivo, el universo fenomenal y visible. Del mismo modo, cuando sobreviene la condición pasiva, tiene lugar una contracción de la Esencia Divina, y la obra previa de la creación es gradual y progresivamente deshecha. El universo visible se desintegra, sus materiales se dispersan, y solitarias “tinieblas” es lo único que incuba una vez más sobre la faz del “abismo”. Empleando una metáfora de los Libros Secretos, que explicará la idea de un modo más claro, una exhalación de la “esencia desconocida” produce el mundo; y una inhalación es causa de que desaparezca. Este proceso ha tenido lugar de toda eternidad, y nuestro Universo presente es solamente uno de la serie infinita que no ha tenido principio ni tendrá fin (Ver Isis sin Velo, también "Los Días y Noches de Brahmâ" en la Parte II).

 

Este párrafo será explicado, hasta donde sea posible, en la obra presente. Y si bien tal como se halla escrito nada contiene de nuevo para el orientalista, su interpretación esotérica puede contener, sin embargo, muchas cosas que hasta la fecha han permanecido por completo desconocidas para los estudiantes occidentales.

La primera figura es un disco sencillo . La segunda representa en el símbolo arcaico, un disco con un punto en el centro , la diferenciación primera en las manifestaciones periódicas de la Naturaleza eterna, sin sexo e infinita, “Aditi en AQUELLO” (Rig Veda) o el Espacio potencial en el Espacio abstracto. En su tercera etapa, el punto se transforma en un diámetro . Entonces simboliza una Madre-Naturaleza inmaculada y divina, en el Infinito absoluto, que lo abarca todo.

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