Es la VIDA UNA, eterna; invisible, aunque Omnipresente; sin principio ni fin, aunque periódica en sus manifestaciones regulares, entre cuyos períodos reina el oscuro misterio del No-Ser); inconsciente, y sin embargo, Conciencia absoluta; incomprensible, y sin embargo, la única realidad existente por sí misma; verdaderamente, “un caos para los sentidos, un Kosmos para la razón”. Su atributo único y absoluto, que es ELLO mismo, Movimiento eterno e incesante, es llamado esotéricamente el "Gran Aliento" 127, que es el movimiento perpetuo del Universo, en el sentido de ESPACIO sin límites y siempre presente. Aquello que permanece inmóvil no puede ser Divino. Pero de hecho y en realidad, nada existe en absoluto inmóvil en el Alma Universal.

 

Casi cinco siglos A.C., Leucipo, el preceptor de Demócrito, sostenía que el Espacio estaba eternamente lleno de átomos impulsados por movimiento incesante, que daba origen, en el debido transcurso del tiempo, y a medida que se agregaban, al movimiento rotatorio por virtud de colisiones mutuas que producían movimientos laterales. Epicuro y Lucrecio enseñaron lo mismo, añadiendo únicamente a la moción lateral de los átomos, la idea de la afinidad, que es una enseñanza oculta.

 

Desde el comienzo de lo que constituye la herencia del hombre; desde la aparición primera de los arquitectos del globo en que vive, la Deidad no revelada fue reconocida y considerada bajo su único aspecto filosófico —el Movimiento Universal, la vibración del Aliento creador en la Naturaleza–. El Ocultismo sintetiza así la "Existencia Una": “La Deidad es un fuego arcano vivo (o moviente), y los eternos testigos de esta Presencia invisible, son la Luz, el Calor y la Humedad”, trinidad esta última que abarca y es causa de todos

127 Platón demuestra ser un Iniciado cuando dice en Cratylus, que θεός (theos) es derivado del verbo θέειν (theein‎), "mover", "correr", porque los primeros astrónomos que observaron los movimientos de los cuerpos celestes, llamaron a los planetas Θεοί (Theoi), los dioses. (Ver Libro II., “Simbolismo de la Cruz y el Círculo.") Más tarde la palabra ha producido otra ἀλήθεια (aletheia) – el aliento de Dios.

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