DS-ST1-36

La “Conciencia Absoluta tras los fenómenos” nos dicen que se denomina inconsciencia, únicamente por razón de la ausencia de todo elemento de personalidad, y trasciende al concepto humano. El hombre, incapaz de formar un solo concepto, a no ser relativo a fenómenos empíricos, es impotente, a causa de la constitución misma de su ser, para levantar el velo que cubre la majestad de lo Absoluto. Sólo el Espíritu en libertad es capaz de comprender, aunque de un modo vago, la naturaleza de su propio origen, al cual debe volver eventualmente. Puesto que el más elevado Dhyân Chohan, después de todo, tiene que humillarse en su ignorancia ante el soberano misterio del Ser Absoluto; y puesto que aun en esta culminación de la existencia consciente —o sea “al sumirse la conciencia individual en la universal”, usando una frase de Fichte–, lo Finito no puede concebir lo Infinito, ni puede aplicarse su propia clase de experiencias mentales, ¿cómo puede decirse que lo Inconsciente y lo Absoluto puedan tener ni siquiera un impulso instintivo o esperanza de alcanzar clara conciencia de sí mismo? 180 Jamás admitiría un vedantino esta idea hegeliana; y el ocultista diría que se aplica perfectamente al Mahat despierto, a la Mente Universal, ya proyectada en el mundo fenomenal como aspecto primero del inmutable Absoluto, pero jamás a este último. Según se nos enseña, “el Espíritu y la Materia, o Purusha y Pakriti, son tan sólo los dos aspectos primordiales del Uno y Sin Segundo”.

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