DS-ST1-25

En nuestro caso, el Ser Uno es el nóumeno de todos los nóumenos que sabemos tienen que existir bajo los fenómenos, dándoles la sombra de realidad, cualquiera que sea, que posean; pero que no podemos conocer por faltarnos en la actualidad los sentidos o inteligencia propios para ello. Los átomos impalpables de oro contenidos en una tonelada de cuarzo aurífero pueden ser imperceptibles para el ojo del minero, y sin embargo, no sólo conoce éste que allí se hallan, sino que sabe también que sólo ellos dan al cuarzo un valor apreciable; y esta relación del oro al cuarzo puede sugerir una ligerísima idea de la del nóumeno al fenómeno. Sólo que el minero sabe cuál será el aspecto que presentará el oro cuando haya sido extraído del cuarzo, al paso que el común mortal no puede formar concepto de la realidad de las cosas separadas del Mâyâ que las vela, y en el que están ocultas. El Iniciado únicamente, rico con la sabiduría adquirida por las generaciones innumerables de sus predecesores, dirige el “Ojo de Dangma” hacia la esencia de las cosas, en la cual no puede Mâyâ tener influencia alguna. En este punto es donde las enseñanzas de la filosofía esotérica, en relación con las Nidânas y las Cuatro Verdades, asumen la mayor importancia; pero son secretas.

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